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La economía argentina no crece desde 2011

Macri fracasó intentando sacarnos en estos últimos cuatro años de una economía empantanada, y Fernandez tiene de vicepresidente a quien nos metió en el pantano de esa banquina. Este hecho refleja la carencia de nuestra sociedad y de los espacios políticos a la hora construir y proponer alternativas superadoras.

Sin embargo, que sea paradójico no implica que sea incomprensible. Porque si bien los ciudadanos valoraron el cambio de rumbo cuatro años atrás, toman decisiones en torno a los “resultados” obtenidos en materia económica. Mucho más comprensible es aún cuando se ponderan dichos resultados en función de las promesas iniciales con las que inicio la gestión Mauricio Macri hacia fines del 2015. Y para peor, en un contexto de deterioro económico y social, producto del escenario recesivo que estamos transitando desde el segundo trimestre 2018, y de elecciones presidenciales, todas las demandas de los ciudadanos vienen en calidad de “urgente”.

Con este marco, los resultados de Cambiemos a lo largo de estos cuatro años están a la vista. Menor nivel actividad económica (tres años recesivos y -4,9% acumulado en los cuatro años), su correlato de mayor desempleo (terminando en la zona de 11%) y aceleración de la inflación (47% y 55% en el último bienio). Menor actividad con mayor inflación indefectiblemente se traduce en más pobreza que, para peor, terminará en aumento hacia fin del 2019 (35,4% datos al primer semestre 2019).

En rigor estamos ante una agudización del escenario de estanflación en el cual estamos desde 2011: mayor recesión con mayor inflación. Si, estamos estancados desde 2011. ¿Cómo se explica esta agudización? Por la conjunción de la “pesada herencia” (lo que dejó el gobierno anterior), con contexto externo desfavorable (Brasil, commodities, guerra comercial y sequía) y con errores y mala praxis de la gestión económica de Cambiemos (inconsistencias del programa de gradualismo).

Este escenario ahora se ve agravado por la incertidumbre política que generaron las PASO, y por el “crack” que se desató en el frente financiero desde entonces: salto abrupto del dólar, aceleración de la inflación, caída estrepitosa de acciones y bonos, salto del riesgo país y cierre del mercado de deuda, huida de depósitos en dólares y pérdida de reservas internacionales. ¿Resultado? Ahora la economía no solo continua en el pantano de la banquina sin poder salir y los ciudadanos la están pasando peor, sino que además nos quedamos sin posibilidad de recibir asistencia de terceros (reservas, mercados y FMI).

En este marco es importante analizar la herencia de la herencia, lo que va a dejar la gestión al 10 de diciembre, que implicará un nuevo punto de partida para la economía argentina. Y si bien no hay dudas de que la situación hacia adelante es realmente muy compleja, dicha complejidad radica en la incertidumbre respecto a si se dará continuidad o no al proceso de normalización macroeconómica que quedó inconcluso a lo largo de este mandato presidencial.

En materia de sector externo la economía se encuentra hoy con un tipo de cambio real 55% más alto que a fines del 2015, lo cual es muy importante para equilibrar nuestras cuentas externas. Claramente el desafío será contener la aceleración inflacionaria para que el aumento de los precios no erosione la mejora de la competitividad. El saldo de la balanza comercial este año será superior a los USD 14.000 millones (versus déficit de USD 388 en 2015) y la cuenta corriente redujo el déficit a 1,5% del PBI (versus -3,9% en 2015). Las necesidad de dólares de la economía se reduce, con suba del tipo de cambio real y con recesión, pero mejora al fin.

 Plan económico y monetario para salir de la crisis

En el frente fiscal el resultado primario rondará en -0,8% sobre PBI (versus 4,8% bien medido en 2015) y el financiero -3,8% versus (-6,2%). El gasto público sobre PBI (los tres niveles: Nación, Provincias y Municipios) se redujo de 46,2% a 41,6%, y si bien sigue muy alto en relación con el promedio de los noventa (30%) es notable la reversión del mismo. Estamos ante una situación en la cual las cuentas públicas aún no cuentan con equilibrio fiscal y habrá que seguir trabajando, pero claramente será un punto de partida mejor. No obstante, la mejoría en el flujo, lo más complejo de la herencia será el mayor nivel de deuda, sobre todo en un contexto de cierre de mercados como hemos visto en los últimos meses. Los desafíos fiscales vendrán de la mano de asegurar la convergencia fiscal, reprogramar la deuda y volver a tener acceso a los mercados. La gran amenaza será caer en la tentación de resolver el problema nuevamente con emisión de dinero.

Si queremos sacar la economía del pantano, y comenzar un recorrido de crecimiento económico, reducir la inflación y bajar verdaderamente la pobreza, será inexorable que, a partir del 10 de diciembre, gobierne quien gobierne, este proceso de normalización concluya en el marco de un programa económico consistente y en base a acuerdos y consensos generales. No hay más espacio para prueba y error en este escenario. Estamos frente a una nueva paradoja los dos espacios políticos que pusieron a la Argentina en esta grave situación económica compiten por la presidencia. (Fuente Inveqc Consulting)